“No se pueden hacer cambios estructurales sin medios de comunicación” - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 12:00

Ernesto Águila, analista político, y el fracaso de Bachelet:

“No se pueden hacer cambios estructurales sin medios de comunicación”

por 25 agosto, 2015

Las tensiones que vive una Nueva Mayoría que no termina de nacer, con una Concertación que no termina de morir, serían la razón del estado actual de las cosas: la pérdida de apoyo popular y la presión de los poderes fácticos que tienen a las reformas acorraladas. En esta entrevista, el analista y académico profundiza en las razones que le restan fuerza al proceso. Aborda los alcances de la reforma educacional y la peligrosa paradoja que encierra: que el país termine con una educación privada, gratuita y sin calidad, burlando el eslogan que sacó a miles de chilenos a marchar el 2011.

Ernesto Águila, académico, columnista y experto en educación, dirige el centro de estudios pedagógicos de la Universidad de Chile. En un café de Providencia, analiza el actual escenario político y advierte cómo los sectores más conservadores tratan de asociar las reformas a caos e ingobernabilidad, para detener el proceso de cambios estructurales. En materia educacional, observa con preocupación que la reforma carece de un proyecto de educación pública sólido, que apunte a su reconstrucción, sino que está orientada a mejorar y regular el modelo actual, basado en un sistema privatizado y subsidiario.

Psicólogo y cientista político de la Universidad Católica, con un doctorado en Educación en la Universidad de Barcelona, plantea que durante la Concertación se hicieron reformas intramodelo. Por ejemplo, aumentando cobertura en educación o el pilar solidario en previsión, pero sin cambios estructurales. Águila cree que ese modelo se agotó y tocó  techo con la irrupción de la revolución pingüina, el descuelgue de las capas medias, que se sintieron abusadas y desilusionadas por el modelo y, posteriormente, con el movimiento estudiantil del 2011.

Fenómenos sociales que, para él, son expresiones de algo más profundo: el resquebrajamiento del pacto político-social post-90. A partir de ahí, sostiene, surge la necesidad de cambios reales al modelo. Cambios que Michelle Bachelet, en su segundo programa, supo recoger, opina este histórico militante socialista. Sin embargo, considera que la Mandataria ha tenido retrocesos y vacilaciones para llevar adelante las reformas estructurales que comprometió.

A qué se deben tantas dificultades, Águila lo explica así: “Si uno pudiera describir lo que sucedió, Bachelet, primero, obtiene un gran triunfo en las primarias, con eso valida el programa y puede impulsar este proceso. Pero se encuentra con tres problemas: el primero es la pérdida de su popularidad, que permite que se repongan sectores que habían sido derrotados y que eran críticos del programa, como parte de la DC o Velasco. Hasta ese momento, no tenían la fuerza para cuestionar el proyecto. En segundo término, existe una cierta desaceleración económica, que, probablemente, se exagera para cuestionar el impulso reformista. En tercer lugar, el descrédito y el nivel de desconfianza generado por los procesos de corrupción en el financiamiento político, le resta fuerza al proceso”.

Sin embargo, Águila explica que lo más grave que está ocurriendo por estos días es que se intenta cuestionar la idea misma del cambio. “Se habla de gradualidad y realismo, pero, en el fondo, se intenta fuertemente cuestionar la posibilidad de hacer reformas estructurales en este país. Se confunde gradualidad con inmovilismo. Se instala esta idea de que lo que falta es orden”.

-Esa crítica proviene incluso de gente del oficialismo. ¿Identificas una tensión entre la Concertación versus el proyecto de la Nueva Mayoría?
-Definitivamente. Esa es la tensión que estamos viviendo, parafraseando una vieja frase, la Concertación no termina de morir y la Nueva Mayoría no termina de nacer. La Concertación fue derrotada por la necesidad social de hacer reformas ya no intramodelo, sino estructurales. En el segundo programa de Bachelet, más allá de sus defectos e inconsecuencias, tenía la idea de superar a la Concertación, reconstruir el pacto social y avanzar en estas reformas estructurales. También se amplió el espectro político generando un tipo de alianza bastante inédita a nivel mundial, que incluye desde la DC a los comunistas.

-¿Ese espectro tan amplio no dificulta el avance de las reformas? Ya hemos visto la oposición de la DC al programa.
-Existen algunos nostálgicos de la Concertación, transversal a todos los partidos, aunque es mucho más visible en la DC. Sin embargo, en el 73 se produjo un aprendizaje histórico: es necesario construir mayorías políticas y sociales para producir cambios. El otro gran cemento fue el binominal, que presionaba a la conformación de dos grandes bloques. Esto se va a sincerar a partir de las elecciones del 2017. El sistema electoral proporcional va a sincerar el estado de las fuerzas actuales. Eso puede dar origen a otro tipo de pactos o alianzas hacia el futuro. Estamos en un punto de tensión muy fuerte. La DC duda en dar el paso de la Concertación a la Nueva Mayoría  y existe un sector en que persiste la duda sobre si deben permanecer ahí.

-¿El realismo  es un triunfo de los sectores más conservadores de la Nueva Mayoría  y los poderes  fácticos?
-En realidad, hubo una gran sorpresa entre los que vieron que el realismo sin renuncia se iba a traducir en una abdicación del programa por parte de la Presidenta, pero ella no lo hizo, dio varias señales en el sentido contrario, como el cónclave y la negación del giro al centro. Tiene la voluntad de persistir en una idea reformista más acotada, con los temas que ya están en la mesa. De todos modos, comienza a estar en juego no solo el segundo tiempo de Bachelet sino por dónde se va a heredar su gobierno. Si tiene éxito, si las reformas son comprendidas, apoyadas y Bachelet se recupera, el próximo Gobierno será de continuidad de las reformas, incluso de profundización. Si, por el contrario, queda asociado a caos, ingobernabilidad, se va pedir un Gobierno más de centro o va a retornar la derecha.

-En ese contexto, aparece la figura de Lagos.
-Sí, pero dificulto que Lagos se vaya a someter a una primaria, él se concibe como alguien que debe ser ungido, pero no creo que se quiera someter a un proceso que ya está instalado en la política chilena y arriesgarse a llegar segundo o tercero. Lagos entra en esta lógica del orden, pero se esperaría que no fuera un orden conservador.

-Se habla de debilidad  y falta de liderazgo del Gobierno, incluso de vacío de poder.
-Más bien el vacío está dado por la falta de un proyecto histórico que tenga la capacidad de hegemonizar, aglutinar y genere consenso en torno a sí.

-Pero ¿cómo se entiende eso si Bachelet asumió con un proyecto de reformas que contó con amplio apoyo popular?
-Ha sido un proceso de contradicciones y vacilaciones que nacen precisamente de la tensión entre la Concertación y la Nueva Mayoría. Han dudado en llevar adelante el proceso. Tampoco se puede hacer reformas estructurales sin asumir la dimensión de lucha cultural que ese proceso tiene. No se pueden hacer cambios estructurales sin medios de comunicación.

-Que la Concertación y la Nueva Mayoría han optado por no tener ni fomentar…
-Claro, entonces, el Gobierno termina queriendo hacer buena letra con los poderes fácticos. Si no construye su propia fuerza, si no se establecen vínculos y complicidades con el mundo social, si no se crea una fuerza cultural y social poderosa que apoye el proceso, es muy difícil. Si se piensa sólo desde el Gobierno, termina aislado y retrocediendo. A este proyecto reformista le falta un proceso de movilización social fuerte. Lo otro es depender de una fuerza que no es la tuya y que, por lo general, es más partidaria del statu quo.

-¿Compartes que Bachelet es poco clara y  ambigua?
-El problema es que el liderazgo de Bachelet no construye un “nosotros”, ni un relato que convoque a las personas. Las grandes transformaciones no dependen de una sola persona, sino de cada uno de nosotros y de que la gente se organice. El relato de una fuerza social que acompañe a las transformaciones, no existe. Ella ha apostado a la comunicación vía audiencia, eso resultó un tiempo, pero ya no funciona. Pareciera que Bachelet quiere hacer cambios estructurales, pero que no se note, sin generar mucho ruido. Obviamente, eso es imposible. Falta un relato más explícito y pedagógico, explicar la necesidad de las reformas, con menos código de marketing y hablando más directamente. Incluso plantear un liderazgo más adversarial contra las fuerzas que se oponen a las reformas, plantar el tema del conflicto.

 Pareciera que Bachelet quiere hacer cambios estructurales, pero que no se note, sin generar mucho ruido. Obviamente, eso es imposible. Falta un relato más explícito y pedagógico, explicar la necesidad de las reformas, con menos código de marketing y hablando más directamente. Incluso plantear un liderazgo más adversarial contras las fuerzas que se oponen a las reformas, plantar el tema del conflicto”.

Reforma educacional  al debe

-En materia educacional, has planteado que la reforma no profundiza en la educación superior pública, ni busca cambiar lo existente, sino que apunta a regular un modelo educacional de mercado. ¿Por qué?
-No hay un concepto duro, sólido, de educación pública que presida la reforma. No reconstituye lo público. El documento del Ministerio “Bases para una reforma al sistema nacional de educación superior” básicamente propone mejor regulación del modelo actual y trata de manera indiferenciada la educación pública de la privada. En ese sentido, es una reforma que trata de mejorar lo que hoy existe, pero no dialoga con el cambio estructural de 1981. Ni siquiera intenta pararse frente a esa reforma que instaló el principio de subsidiariedad y la privatización de la educación, incluyendo la pública. Las universidades públicas funcionan como privadas. En definitiva, falta una idea fuerte de educación pública que rija la reforma.

-Entonces, ¿no te parece que la reforma educacional es más bien intramodelo y no estructural?
-Sí, ese documento es intramodelo. La ausencia de un concepto de educación pública fuerte se traduce en cosas concretas, como la permanente postergación del proceso de desmunicipalización o que se comenzara por regular la educación particular subvencionada, en lugar de reconstruir la educación pública.

-Algunos argumentan que el Estado no puede despreocuparse de la educación superior privada, porque la mayoría de los sectores medios y populares están ahí.
-No se va a regularizar la educación pública ni se va a pensar el tema de las instituciones y las características que deben tener, si no se piensa la educación y las universidades asociadas a un proyecto nacional. Si la educación comienza y se agota en el individuo es una concepción desvinculada de una idea de país. Hay que definir un norte que tiene que ser de fortalecimiento y expansión de la educación pública. También hay que establecer fases de transición, que permitan a los  estudiantes, que se les invitó a educarse a través del sistema privado, recibir beneficios, pero, a su vez, que eso no consolide un modelo privatizado. De todos modos, solo el criterio de vulnerabilidad no es suficiente, sin asegurar excelencia, pluralismo y libertad académica, para que el Estado entregue recursos. La gran paradoja del movimiento del 2011 que pidió educación pública, gratuita y de calidad,  es que pueda terminar en educación privada, gratuita y de poca calidad. Podría ser la consolidación del sistema privatizado. Que termine el Estado, a través de  la política de gratuidad, haciendo un gran traspaso de recursos a los privados y construyendo un sistema de educación superior y técnica particular subvencionada, que emula al particular subvencionado escolar.

-¿Compartes que el Estado entregue recursos a los planteles privados?
-Mayoritariamente la educación debería ser pública, se debe apoyar algunos proyectos privados, pero de forma acotada, donde se justifique por el aporte de alguna particularidad al sistema. Apoyar todo proyecto privado, no. En la educación superior, debería revisarse caso a caso los que quieran recibir recursos públicos, debería aprobarse vía proyecto de ley y sobre la base de ciertos requisitos, como gobierno democrático, criterio de vulnerabilidad, pluralidad, libertad académica, excelencia, someterse a controles. Son proyectos que a la larga debieran evolucionar y derivar hacia lo público, como, por ejemplo, la Universidad de Concepción.

-¿Existen otras experiencias en el mundo en que el Estado financie a las universidades privadas?
-No, en ninguna parte del mundo. La gratuidad es un atributo de la educación pública. No existe financiamiento de instituciones privadas, hay algunas subvenciones, pero este modelo de universidades privadas gratis porque las financia el Estado, no.

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